Isla Santay: Al otro lado de la orilla

Cientos de personas convergen en sus puestos de trabajo. Las conversaciones se mezclan con los gritos de los voceadores. Se muestra un vasto andén que guía a un rústico muelle. Pescadores y lancheros se observan en el vaivén de sus actividades. El sol comienza a subir la temperatura de la tarde, a lo lejos se aproxima un bote con destino al otro lado de la orilla.

El muelle del mercado Caraguay, en el sur de la ciudad es el lugar de partida. El reloj marca la 13.40. Tomás Domínguez lanchero de 40 años, viaja 3 veces al día hacia Guayaquil, a él navegar no lo altera, es su rutina diaria. Cinco minutos demora el viaje sobre el río Guayas hasta la Isla Santay.

Al llegar se impone un muelle en buen estado. En las cercanías se ven letreros del gobierno y trabajadores que construyen las bases de algún inmueble. Una mujer de baja estatura, jeans y chaleco se aproxima. Su vestimenta es muy similar a la de un guía turístico. Su nombre es Elsa Rodríguez, de 54 años, presidenta de la comuna y guía nativa. Al principio mostraba desconfianza. Pedía un permiso del gobierno y decía que los guardaparques se encontraban fuera de Santay. Después de algunos minutos de conversación permitió el ingreso.  Su conocimiento de la situación socioeconómica y de la flora y fauna es extenso. El recorrido empezó a las 14:30 horas.

 

Un poco de historia

Santay es una Isla que pertenece a Durán. Se encuentra en el Río Guayas a 800 metros de distancia de Guayaquil. Su población proviene de otras partes del país que se asentaron en la isla a principios del siglo XX. Actualmente tiene 230 habitantes y sus principales actividades son la pesca y el turismo.

Doña Elsa Rodríguez dirige toda la caminata. Detalla los pormenores de la vida diaria, sus planes futuros y que se siente pertenecer a esta comuna.

Las casas actuales son muy distintas a las del año 2010.  Ese año el gobierno intervino en la mejora de la condición de vida de las comunas en el país.
La Isla Santay es considerada un sitio Ramsar, siendo el sexto humedal declarado en Ecuador.  El gobierno de Rafael Correa también consideró a la Isla como un Área Protegida, por lo que actualmente pertenece al Sistema Nacional de Áreas Protegidas como Área Nacional de Recreación.

Las condiciones de vida actuales han hecho más digna la vida en la isla. En palabras de Doña Elsa: ”Antes del gobierno vivíamos con el agua hasta el pecho y solo teníamos atención en época de elecciones”

La vida en comunidad

La comuna tiene 56 casas, denominadas ecoaldeas, son de pino curado proveniente de Chile. Los mismos comuneros las construyeron.  Siendo estas mismas cabañas parte de la reestructuración para el beneficio del turismo y el bienestar.

Sobre el techo de las cabañas se extienden paneles solares, permitiendo tener energía eléctrica dentro del hogar y en exteriores. Las luces del alumbrado público por ejemplo, se encienden desde las 6 de la tarde hasta las 4 de la madrugada.

Los niños juegan en sus bicicletas sin temor a caer por la elevada plataforma. Cada casa esta numerada  y cuenta con dos familias habitándolas. Hasta seis hijos tiene en promedio un núcleo familiar. Algunas madres de familia están asomadas por la ventana, otras limpian sus pórticos. En esta aldea todos se consideran familia. Los apellidos recurrentes son Domínguez, Achiote y Rodríguez. Los habitantes  saludan cordialmente demostrando el aprecio por Doña Elsa.

La principal actividad de la zona es la pesca, proveniente del Golfo de Guayaquil. Las especies más comunes son el bagre y la corvina, que en el mercado se vende a $1.50 la libra. En una buena semana se pueden hacer hasta $200.

Francisco Domínguez pescador desde los 12 años, comenta que esta actividad se aprende generacionalmente. Los padres enseñan a sus hijos el oficio antes de la mayoría de edad.

La otra gran actividad es el turismo, que ha tomado  repunte desde el 2010. Los turistas provienen desde distintas partes del país, también cuentan con visitas del extranjero. Dos dólares cuesta la entrada a la isla. Las visitas guiadas zarpan desde el malecón 2000 a la altura del Yacht Club.

El clima húmedo de la isla es agradable. La flora y fauna se aprecia vívida en el horizonte. Los mangles rojos sobresalen en la vegetación. Es ahí donde se esconden los peces pequeños, los bagres, las corvinas,  los camarones y algunos cangrejos  pequeños se esconden de los más grandes.

Elsa Rodríguez rememora sus primeros días en la isla mientras nos enseña su vivienda. Ella es maestra de niños en edad preescolar. Elsa vino a la isla a los 19 años. Ella conoció a su esposo en Guayaquil. Tuvieron 4 hijos.

Cierra los ojos y sus palabras nos entregan un pedazo de su visión de la isla, que pese a haber nacido en Bahía de Caráquez es Santay su verdadero hogar.

No todo aquí es trabajo. Como toda población ecuatoriana, tiene sus fechas de celebración y actividades recreativas.
En el mes de en agosto se celebra la fiesta de San Jacinto, y en octubre se celebran las olimpiadas con ayuda del colegio Copol, Los hombres beben cerveza y las mujeres preparan platos típicos.

El futuro de Santay está en manos de la actividad turística. Los proyectos emprendidos por el gobierno tienen plazo para ser entregados hasta este año.  La creación de un complejo de cabañas  que comprende un hostal, un centro comunal y centro de reciclaje son próximos a inaugurarse. Elsa espera que con el pasar de los años Santay se vuelva un centro turístico tan importante como lo es Galápagos.

Actualmente la mayoría de la población de la isla se educa en Guayaquil. La comuna cuenta con una escuela desde primero de básico a séptimo. Solo dos jóvenes cursan educación superior. En reuniones de consejo comunal, ha quedado establecido que pedirán la creación de un colegio para ya no viajar a Guayaquil, comenta Rodríguez.

La salud es un tema que dicen sus pobladores poco afecta. La comida sana y aire puro los mantiene fuertes. En la casa comunal cada jueves llega un delegado del Ministerio de salud a hacerles revisiones y recetarlos si es necesario. Problemas virales y malestar gripal son sus principales dolencias.

En el camino nos encontramos con Benito Parrales. Él fue el primer presidente  de la comuna durante 9 años y actual director de la asociación de pescadores artesanales. A sus 64 años mantiene con lucidez su mente. Sus manos gruesas demuestran su experiencia. Como anécdota comenta que es el quién da de comer a los cocodrilos. Animales donados por la fundación Malecón 2000 para preservar su especie en su hábitat natural pero en estado de cautiverio.

Doña Elsa lo saluda efusivamente. Hablan de cosas cotidianas. La hora del regreso se aproxima. Los trabajadores de las construcciones regresan a la ciudad. No son más de 10 hombres. La canoa se aparca en el muelle. Los cuerpos caen con estrépito sobre la pequeña embarcación. Empieza el regreso a casa cerca de las 5 p.m. La lancha se aleja cada vez más de la isla. El sol va cayendo oblicuamente sobre Guayaquil mientras la rutina citadina se palpa a pocos metros.

Por:

Alejandro Puga Patiño

Juan Manuel Castro

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